Las enfermedades gastrointestinales, metabólicas y endocrinas asociadas al TCA

Al ser ingerido, el alcohol entra en contacto directamente con nuestro aparato digestivo.
Barcelona, 23 de noviembre del 2018,
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El alcohol es una sustancia que, consumida de forma excesiva, es tóxica para el organismo. Una de las consecuencias más conocidas es la que afecta al hígado, pero también puede provocar la aparición de patologías asociadas al aparato digestivo, dañar el metabolismo e incluso alterar nuestro sistema endocrino, encargado de regular las hormonas.

Al ser ingerido, el alcohol entra en contacto directamente con nuestro aparato digestivo. Por lo que su consumo crónico es capaz de originar trastornos en el esofago y la aparición de problemas de reflujo estomacal, además de úlceras, estrechamiento de esofago o alterar la mucosa gástrica, en forma de gastritis aguda.

El alcohol causa un aumento de problemas intestinales, siendo la más común la aparición de diarreas. En las personas con TCA, las alteraciones que sufre el intestino como consecuencia de la adicción, provoca que su capacidad de absorción de nutrientes se vea seriamente mermada.

Otro de los órganos que más sufren por la ingesta excesiva de alcohol, es el hígado y el páncreas. En los países de nuestro entorno, el alcohol es la segunda causa de pancreatitis aguda. Generalmente es un trastorno benigno, pero en ocasiones puede llegar a poner en riesgo la vida del paciente. En occidente el alcohol es la principal causa de pancreatitis crónica.

La enfermedad hepática es probablemente la patología más relacionada con el consumo de alcohol, y una de las más graves. Se ha relacionado un mayor riesgo para el hígado con el consumo de bebidas destiladas en comparación con el vino o la cerveza. Asimismo, las patologías hepáticas por alcohol pueden manifestarse de forma más o menos grave, siendo una de las más complicadas la cirrosis o la hepatitis alcohólica.

La adicción al alcohol también genera problemas endocrinos y metabólicos. Uno de ellos es la cetoacidosis alcohólica, que es la acumulación de cetonas en sangre causada por un consumo excesivo de alcohol. Lo que genera un deterioro del estado general, hiperventilación, signos de deshidratación y dolor abdominal difuso.

El alcohol también está asociado a alteraciones alimentarias vinculadas a la malnutrición, cuyas causas son diversas. Como la disminución de la ingesta alimentaria, alteración de la digestión, la absorción de nutrientes y/o problemas asociados al hígado. En el enfermo alcohólico, esta malnutrición conduce a la aparición de patologías por déficits vitamínicos, minerales y proteicos. A su vez, el alcohol también está implicado en el desarrollo de obesidad, síndrome metabólico o diabetes tipo II.

Hay que destacar, que al alcohol no tiene que ser sinónimo de este tipo de problemas pero, para evitarlos, lo mejor es apostar por un consumo moderado o, directamente, por la abstinencia. Ya que la mayor parte de la relación causa-efecto de estas enfermedades asociadas dependen del volumen del alcohol ingerido más allá del patrón de consumo. 

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